JORNADA HUASTECA DE LIVIA DIAZ

 
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Poza Rica, Ver., a 5 de abril.-

 

Pocas veces, como ahora, hay respuesta para los problemas de las y los periodistas en México. Sé que hay cosas y usos de recursos, muy deseable, que se corrigieran. Pero en este comentario quiero celebrar, el que al menos, la Comisión para la Atención de los Periodistas en Riesgo en Veracruz, levantara la mano para darle apoyo a una periodista en riesgo desde hace muchos años. Me refiero al caso de Concepción de las Nieves Rodríguez Parra, reportera de la Revista En La Mira y de A Diario con la Información, quien incursionó también en otros periódicos y en radio. El caso de la compañera, quien falleció el 10 de marzo en un hospital de Poza Rica, fue seguido de cerca por Reporteros sin Fronteras y otros, en su momento, pero después, como es sabido, el silencio ante los hechos que afectan a los tundeteclas, llega y abarca el ambiente, para convertirse en una especie de currículum de irreverencia, porque el costo de decir la verdad, es meterse con intereses y difícil de sobrellevar. Muchos declinan perseverar o se alinean o sufren consecuencias dramáticas, pero antes de ser noticia, te dejan sola. Para los camaradas no había espacio en los medios y eso no debe soslayarse. Conchis se aprendió a defender por sí misma, se metió en muchas situaciones de riesgo, afectó a presidentes, y al llevarles la contraria se puso muchas veces a favor movimientos sociales, por lo que sufrió una persecución encabronada, de la que se libró, aunque no del todo, porque la golpearon y la amenazaron en muchas ocasiones. Pero hoy, los casos como este son noticias, ayer, no.

Hoy, hay organismos nacionales de atención y recursos para la defensa de sus intereses, e incluso interés de la propia sociedad y el gobierno por su profesionalización, que es muchas veces el único camino para tomar consciencia. Pero, para resolver ante la situación de una reportera con una enfermedad crónica mortal, no llegó el apoyo. Su caso se sumó a una larga lista de silencios y asuntos, y qué bueno, que cuando no lo necesitó, ya existía una manera, y había una campana que tocar, porque en el último minuto alguien intervino para recordarle a autoridades de salud que merecía una atención de calidad, la sacaron de una cama y la pusieron en donde debía estar, en una unidad de Terapia Intensiva y ya, lamentablemente era en un caso desesperado. Digo qué bueno que se le respondió después de muchos años de no tener empleo fijo remunerado, y también para su inhumación. Pero esto no lo hizo solo la comisión, también el Frente de Comunicadores, y sus amigas. Además, al final se le rindió un homenaje en un lugar que ya es clave para los pozarricenses que practican la libertad de expresión, El Monumento a los Caídos, lugar que se hizo en honor de aquellos que fallecieron durante una gira del candidato presidencial Luis Echeverría, y que viajaban en un avión que cayó en El Cerro del Mesón en los años setenta. De ellos, tampoco se acuerdan en sus redacciones, y cada año se festeja en su honor un acto solemne, pero nadie levanta la pluma, más que cuando la situación política o la polémica en los medios comienza a ofrendar, con calor, y arrojar las cifras del riesgo que se corre en la vida y el trabajo de una mayoría que no tienen, nisiquiera, seguro popular, por no decir salario fijo, y otras prestaciones de ley. Es cierto que la comisión, que en mi opinión debería emitir al menos un tabulador salarial que dé respuesta a estas necesidades urgentes, y que considere que con eso se abata el riesgo de caer en manos de las salidas fáciles por necesidad y de empleadores que explotan a sus trabajadores y no les brindan, como a otros, prestaciones de ley, además una vida digna disminuye las posibilidades de padecer enfermedades. Pero esto va lentamente llegando a sus objetivos, y muy lentamente tomando forma, pero esa es otra historia y me reservo mis otras opiniones para no perder el punto de vista.

En este trayecto que narro hay otras cosas, muchas qué decir, no obstante, para la familia que sufrió y apechugó cuatro años de gastos increíbles para sostener la salud de la compañera, el no preocuparse por su última morada, alivió grandemente su pena. Sabemos que en otros lugares los y las periodistas se han unido y tenido logros buenos como la gratuidad en atención a la salud, y educación, además de la disminución del riesgo en el trabajo con otros beneficios, en algunos gobiernos, hay quienes no tienen que andar pagando internet ni buscando en donde hacer las llamadas a sus empresas por las que tienen corresponsalías, pero eso es en otros lados, con diferencias tan amplias que hasta resulta una injusticia, que sin investigar las cosas a fondo, se pongan a opinar o disentir. Yo recuerdo con mucho cariño los logros del Círculo de Periodistas del Carmen, en donde tras pedirle al alcalde un pedazo de tierra en el panteón municipal, no tardando mucho pudimos llevar a dos grandes de la prensa y la fotografía que fallecieron muy poco tiempo después, Don Carlitos apenas a las dos semanas, y lo acompañamos y le dimos un sepelio digno entre todos. Pero esas son historias que los y las compañeras a veces no quieren escuchar. La sociedad tampoco, y los políticos, menos. Pocos dejan de alentar a la gente contra la prensa, no se percatan que lo único que consiguen con sus exclamaciones es más violencia contra quienes escriben y hablan y que para llevar una noticia hay que tener talento y trabajo, levantarse cada día y rescatar de la ignorancia los temas que ocurren en las calles, y entre la gente. Es tan poca la gente que en este país sabe leer y escribir, que cada reportero es un garbanzo de a libra, difícil de conseguir, mantener, detectar, educar y transformar en un agente de intercambio entre las empresas y los actores de la comunidad. También por ello, quise escribir en este espacio sobre este caso en forma libre, aunque todavía me agobia la partida de una persona que quiero, tan valiosa y que a pesar de sus pesares no perdió el optimismo y debo decir que, conociéndola, no habría consentido con recibir el apoyo de nadie, pero que estando en una situación vulnerable le llegó, gracias a Dios, Amén.

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